Mónica Franco
Hasta hoy no había registro en Atlixco de niños cargando cadenas y espinas como Jesucristo.

Santiago tiene apenas 10 años y soportó una caminata de más de una hora bajo el rayo del sol cargando cadenas en la espalda y en los tobillos. En sus brazos le clavaron algunas espinas y su rostro fue cubierto con una mascada negra como lo acostumbran los engrillados.
El pequeño caminó al lado de su tía Janet, de 24 años, quien por segundo año consecutivo cumplió una promesa con los engrillados de Metepec, población perteneciente al municipio de Atlixco, en dónde hace casi medio siglo los pobladores realizan un peculiar viacrucis.
A Santiago lo auxilió su abuela, quien no se le separó en el trayecto que recorrieron desde el campo deportivo hasta un cerro donde está una capilla desde donde se mira el volcán Popocatépetl, tratándose de un recorrido de cerca de tres kilómetros.
Al inicio del viacrucis el niño explicó que sabía que sentiría dolor, pero dijo que estaba dispuesto a soportarlo para que Dios le permitiera a su hermano mayor volver a caminar.

Su abuela y su tía aseguraron que fue Santiago quien insistió en ser un penitente, solo que a él no le colocaron la corona de espinas para evitar que le sangrara el rostro como sucede con los que imitan el dolor de Jesucristo rumbo al calvario.
El caso de Santiago fue excepcional, pues hasta hoy no se tenía registro de un niño engrillado en alguno de los varios viacrucis que se realizan en el municipio de Atlixco como son las colonias Centro, Altavista o Guadalupe Victoria.
Contrario a los engrillados del ex convento de San Francisco (colonia Centro) en donde no se permite la participación de mujeres, en la junta auxiliar de Metepec, ubicada a 20 minutos de Atlixco, año con año se incrementa la participación de féminas desde hace una década.
Aquí mujeres de todas las edades año con año caminan a la par de los hombres soportando el mismo dolor que les infligen las cadenas, las espinas y los rayos del sol.
Prefiero cumplir una penitencia en libertad que en prisión:
Paola
Paola tiene 36 años y desde hace cinco es una de las engrilladas de Metepec. Ella estuvo en prisión, así que cuando salió de la cárcel se prometió agradecerle a Jesús padeciendo lo mismo que él antes de su muerte en la cruz, así se convirtió en penitente.

Evitó hablar del delito del que fue inculpada y se limitó a señalar que ella quería estudiar y salir adelante, pero la vida le cambió el destino así que para agradecer su libertad ella será engrillada toda la vida.
“Le dije a Dios: Yo sé que no lo hice, tú mismo lo estás viendo así que prefiero pagar todo afuera pero tú tienes la última palabra. Después salí de la cárcel y ahora siempre seré engrillada”, contó Paola.
Adriana Arredondo Trujillo tiene 37 años, es otra de las engrilladas. Ella caminó en silencio pidiendo a Dios justicia para su hijo de 18 años a quien atropellaron y mataron el pasado 9 de febrero en la carretera que conduce de la colonia «El León» a la zona de los viveros de Cabrera.
Al ser cuestionada sobre la preparación física o espiritual que llevaba para soportar el dolor de cargar cadenas y espinas dijo: “Ninguna. Solo vengo con la voluntad de Dios y con mucha fe para que se haga justicia para mi hijo”.
Zuleima Jacinto Alvarado tiene 37 años y desde hace 10 años es engrillada en Metepec. Ella ha agradecido todo tipo de favores que Dios le ha hecho caminando no solo con espinas y con cadenas, sino hasta cargando cruces de madera.
Hace una década llegó pidiendo por una persona a la que quería mucho, después pidió otros favores y hasta logró embarazarse por petición a Jesucristo durante un recorrido del viacrucis.

Ahora ella invita a todos sus amigos a vivir esta experiencia que asegura es igual de dura que una peregrinación a pie a la basílica de la Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México.
“Es más, yo solamente una vez he ido caminado a ver a la Virgen de Guadalupe y no aguanté porque tengo problemas en la rodilla. Esta es una experiencia igual de linda porque le agradecemos a Dios por lo bueno y por lo malo”, contó.
Sandra tiene 31 años y le pide a Dios que su familia pueda reunirse. Hace 20 años sus padres se fueron a Estados Unidos y sus hermanos a otros estados. Conteniendo el llanto y cargando a su bebé, dijo que caminará con cadenas y espinas hasta que se le conceda el milagro de reunir a su familia.

María Julia tiene 15 años y es su primera vez como engrillada. Ella sonríe mucho y dice que está muy nerviosa, que no le importa que vaya a sentir dolor y que solo quiere que su hermano mayor salga de la cárcel. También quiere un milagro.
Así estas mujeres y el niño Santiago se unieron a otros engrillados como Roberto Rincón Rodríguez de 55 años y Noé Guadalupe Cervantes de 40 años, el primero con 22 años de experiencia como engrillado y el segundo con 20 años.
Tanto Roberto como Noé impulsan la llegada de más mujeres a este recorrido que se acompaña de la representación teatral del Mártir del Gólgota. Para ellos las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres tanto de pedir a Dios o expiar culpas experimentando la misma dimensión de dolor que ellos.
Al concluir el recorrido me acerqué al pequeño Santiago quien se ve tan feliz como al inicio del viacrucis:
¿Cómo estás?
-Bien.
¿Volverías a ser engrillado?
-Sí
Santiago y yo nos despedimos frente a un cuadro de la Virgen de Guadalupe. Él sonríe, yo también.






